VERANO 2020

Luz Valdenebro sabía que existía la profesión de actriz. Siempre había hecho teatro en el colegio y las admiraba, pero no sabía cómo llegar a ser una de ellas. Cuando “tenía 16 años o así”, en un examen de la carrera de danza, le invitaron a estudiar arte dramático. “Ahí cambió mi vida”, asegura. Estudió, se mudó a Madrid y, poco a poco, empezaron a salir proyectos en televisión (Gran Hotel, Hispania, Seis hermanas, Paquirri…) y en teatro (En el estanque dorado, El jurado…). Ahora mismo es una de las protagonistas de Amar es para siempre. 

En sus redes sociales se define como “petisa carambanal”, ¿por qué?
Son unos muñecos de Superlópez que me hacían mucha gracia, sobre todo, porque tenían un idioma propio y eran muy observadores. Por ellos inventé mi propio idioma. 

Vive en Madrid, pero nació en Córdoba, ¿dónde se come el mejor salmorejo?
En mi casa, porque es el de mi madre [risas]. Hay muchos, pero voy a recomendar el del restaurante La siesta. Mi primo es el cocinero y ha ganado muchos premios.

Dicen que los actores son muy de rituales antes de entrar a escena.
Más que un ritual, lo que yo tengo es un protocolo: soy superordenada. 

Y si hablamos de volar…
Me da un poco de miedo. En el despegue me pongo nerviosa, así que procuro tener siempre un libro, un juego chorra…, algo que me mantenga entretenida. Si voy acompañada, no me gusta que me hablen, pero sí agarro su mano muy fuerte. 

¿Pasillo o ventanilla? 
Ventanilla. A pesar del miedo que me da volar, me gusta ver por dónde voy, porque me relaja.

Cuando viaja por placer, ¿qué tipo de viajera es?
Me gusta perderme en los sitios, preguntar a la gente, probar la comida, arriesgarme a hablar el idioma… Intentar mimetizarme con el lugar. Viene un poco de la curiosidad de actriz, supongo.

¿Qué tipos de películas ve en un avión?
Prefiero comedia, aventura… Un Jurassic World, por ejemplo, mejor que un drama. Necesito estar distraída para no preocuparme [risas]. 

 

Texto - Irene Crespo 
Foto - José Luis Tabueña

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